El eje que traza el río Noguera-Ribagorzana atraviesa algunas de las murallas más emblemáticas de nuestro país.
Al sur, el Congost de Montrebei, que no necesita presentaciones.
En su extremo septentrional, el Pirineo axial, de Bohí al Mulheres.
Entre ambas, Sant Gervàs y Sis, pastos y territorio inhóspito sólo apto para las cabras.
Mal país decían antaño. Un tesoro, hoy, para quienes valoran la soledad.
Luichy tiene identificadas censadas y explicadas la mayor parte de las rutas en sus guías de Escalada.
Un lugar donde puedes escalar en hielo a la mañana y roca caliente por la tarde,
adaptar tus objetivos a un clima caprichoso, cada año más cálido.
Fines de Otoño o principios de Invierno resultan las estaciones más propicias para visitar sus farallones solitarios.
Repetimos Prohibit Nidificar en Sant Gervàs con la Garsa de la Ribagorça, una clásica que apenas ha registrado ascensiones desde que se abriera hace 20 años.
Inexplicablemente, pues bien bella es.
Un poco de tráfico mejora el estado de las vías, las rescata del olvido, sanea piedra y limpia hierbas.
Nos acompañan unos colegas que optan por Café Torino, otro bocado exquisito relativamente asequible en esta muralla trufada de rutas extremas, desconocidas en su mayoría, abiertas por sus discretos escaladores locales.
Y la clásica Antiparques, vía prácticamente equipada
Junto a L'Obra de la Seu, las únicas equipadas desde arriba
Ahora puedes empezar por el primer largo de Sherpa Motard y atravesar a R1 de Antiparques, combinación de libre homogéneo que permite evitar el Ae de su entrada original.
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