Quedan todavía multitud de rincones inexplorados .
Para descubrirlos hace falta una pizca de inquietud, amigos que se dejen engañar, y esa motivación que te permite volver a intentarlo después de la derrota, que nunca es definitiva salvo que desistas.
Hay que observar, caminar, explorar y mantener tus sentidos alerta. Invertir días recuperando senderos. La falta de información obliga a probarlo cuando tu intuición apuesta a que las condiciones acompañarán.
Y nunca desfallecer.
Perseverar.
No ha sido hasta el cuarto pegue que conseguimos concluir, en un día de meteo dudosa justo a las puertas de un cambio de tiempo que aumentaría el riesgo de aludes por un largo período.
Acceso propicio a las avalanchas, exige un manto bien estabilizado.
La nieve no aparecía hasta los 1.700 metros y, a partir de ahí, lo hacía dura y transformada por una lluvia caída la semana anterior. Un regalo que nos permitió alcanzar pie de vía en pocas horas. Y no porque subiéramos rápido.
Vía aceptablemente buena, ni más ni tampoco menos, pero no comparable a clásicas como Mariajo, o a líneas tan excepcionales como Sandra
El lugar merece el viaje, tan solitario y salvaje resulta.
Nadie, nadie pasa por allí. No existe camino claro, solo trazas de senderos que surgen y desaparecen en el bosque. La nieve, que por lo general complica el acceso, en ocasiones (endurecida) facilita la aproximación .
Destaca el segundo largo: Roca fracturada, a veces terrosa y descompuesta, en ocasiones aceptable. El hielo y la nieve consolidan los bloques. Admite numerosos emplazamientos, aunque no en todas las secciones. De ahí que la escalada salga a tramos obligatoria o expuesta, en especial antes de alcanzar el único puente de roca equipado con cuerda ya envejecida. Tenso, M6+ el día del éxito, o A2/M5 en el intento anterior
Más arriba las dificultades se atenúan hasta alcanzar una profunda chimenea final que se evita por la derecha.
El último largo sale sencillo de escalar y complicado de asegurar. Un primer tramo de cascada fina con pequeñas olas de hielo torturado, escaso, que no admite tornillos. Campa intermedia y otro tramo de cascada con hielo suficiente. Concluimos en una protuberancia rocosa que aflora en la gran faja de nieve superior, al final de las dificultades.
De ahí, rapel-down the route (prever cordinos, algún abalakov y clavo o fisurero), o bien andar (más exploración) hacia el Oeste hasta superar el muro de roca y regresar al Este para retomar el camino de acceso
Las condiciones lo son todo. Probablemente con la temporada avanzada, ya en primavera, si las campas de nieve superiores aportan agua (y ésta no se filtra como temo), quizás se compacten los tramos verticales de la vía con hielo o nieve endurecida.
Entonces sí estaríamos ante una vía extraordinaria, y probablemente asequible.





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