jueves, 7 de mayo de 2026

Mar de Tetis, el poder de las historias


Escuchar y contar historias nos fascina desde tiempos inmemoriales. Soñar, compartir mitos y deseos, cooperar y trabajar por objetivos comunes: características que han empujado a la humanidad hasta el vértice de la pirámide evolutiva.

Sociedades estructuradas en torno a jefes, sacerdotes, poetas o bardos: líderes capaces de motivarnos y entretenernos, todos ellos rebosaban talento para contar cosas. Somos más ludens que sapiens.

 

Como a cualquiera, siempre me gustó leer historias. 

Y desde que escalo, la geología de los lugares que visito despierta mi curiosidad. 


En la época de los dinosaurios, 200 millones de años atrás, Pangea se rompía en Laurasia y Gondwana,  dos grandes continentes  separados por el mar de Tetis , un océano que cubría lo que más tarde se convertiría en el Mediterráneo y la Europa meridional. 

Durante ciento cincuenta millones de años todos los sedimentos que arrastraba el agua de los ríos se depositaron en el fondo de este mar poco profundo, junto a conchas y multitud de organismos marinos. Siglos de presión y temperatura compactaron los detritos hasta convertirlos en roca caliza. 

Y hace 15 millones de años, la orogenia Alpina elevó esos estratos hasta convertirlas en las imponentes paredes de calcáreo que forman hoy los Congostos de Montrebei y Terradets, excavados por la erosión de los ríos Noguera Pallaresa y Noguera Ribagorzana.   

Innumerables fósiles y conchas petrificadas atestiguan el pasado marino del Montsec. 



Al Oeste de la Santiago Domingo,  las vías no sufren un exceso de popularidad. 


La parte superior de la Pared de Aragón nunca tuvo fama de buena roca. Tierra y vegetación conviven con lastras y bloques sospechosos. Numerosas repisas restan continuidad a unos muros que adolecen de falta de ambiente. 

A esos estratos les faltó compactación o temperatura ... a diferencia de la otra parte del Congosto que siempre estuvo sometida a presión 😐 

En las vías, en la vida, no hay otro secreto que trabajar con paciencia de artesano.



A nuestro ritmo, casi "geológico", hemos ido puliendo y arreglando la vía que nos ocupa. 


Ocho ataques repartidos en el tiempo, para no hartarnos, cuidando con mimo esos largos que merecían reabrirse, cambiarse o limpiar. 


Aún quedan tramos de piedra-cartón, algún bloque sospechoso, tierra y lastrillas que saltarán con las repeticiones. 




Quizás con el tiempo se convierta en una clásica de invierno: acceso rápido de apenas 45 minutos, sol desde el amanecer hasta el ocaso, largos de disfrutar, largos de pasar y (para algunos) largos de apretar. Y un descenso andando a modo de paseo circular con vistas panorámicas del Pirineo hasta Montserrat, del Moncayo a Ports o Guara. 



No es extrema ni tampoco trivial

Que la disfrutéis. 

 

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